El crimen organizado transnacional es un fenómeno en constante crecimiento y expansión, cuyo objetivo es el control de las actividades ilícitas ─entre ellas el narcotráfico─ en una determinada zona geográfica, cada vez más amplia, y, mediante éste, el enriquecimiento y la obtención de enormes beneficios económicos para los miembros de dichas organizaciones. Su finalidad es, pues, primordialmente económica. El terrorismo, en cambio, parte de unos objetivos políticos el debilitamiento de los Estados contra los que actúa, el menoscabo y la quiebra de sus principios y valores─ y utiliza la violencia como estrategia de lucha asimétrica. Sin embargo, alrededor del narcotráfico en Ecuador, como en otros países con sus especificidades como México, las organizaciones delictivas transnacionales han tomado prestadas determinadas prácticas y métodos propios, o al menos definitorios, hasta ahora de las organizaciones terroristas. Se trata de causar el terror entre las poblaciones de dichos países, de debilitar al Estado y sus instituciones (sobre todo a las que contribuyen a la seguridad nacional) y de, aprovechando esta debilidad, hacerse con el control de las dinámicas delincuenciales en dichos países (lo que revierte en cuantiosos beneficios económicos).
El país se ha transformado en un punto neurálgico para el narcotráfico, principalmente en el transporte de cocaína hacia EE. UU. y Europa. Las rutas pasan por ciudades portuarias como Esmeraldas y Guayaquil, además de la frontera norte con Colombia, donde operan grupos armados como el Frente Oliver Sinisterra y los Comandos de la Frontera.
Esta dinámica ha intensificado la violencia interna y ha obligado al Estado ecuatoriano a declarar un conflicto armado interno, reconociendo formalmente a estos actores como grupos armados organizados.
Enrique Quinto Saritama
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