Sueños de grandeza

Una curiosa tendencia se ha apoderado del mundo. En países ubicados en todos los puntos cardenales aparecen héroes de películas añejas que saltan de la pantalla y asumen el papel de presidentes.  Desde la India misteriosa hasta la Patagonia, pasando por la victoriosa Norteamérica, una serie de caballeros de cierta edad, pródigos en excentricidades, toman las riendas de sus países con mano firme. Con ademán heroico fijan su mirada en el horizonte señalando unas sendas que de manera inevitable llevan a la bancarrota económica, a la muerte de la democracia, y al hundimiento moral de sus naciones

Pasados los primeros meses de estos gobiernos la impopularidad los ahoga. Sus antiguos votantes despiertan de las ilusiones individualistas y encuentran la realidad de presidentes que viven sus propios sueños heroicos sin preocuparse por sus votantes. El ciudadano se siente molesto, quiere indignarse, quiere protestar, quiere hacer valer su condición de soberano. Busca los mecanismos de esa democracia agonizante, no los encuentra, han desaparecido. La figura gigante del líder ocupa y traspasa todos los espacios de poder. Su energía y su ambición absorben el aparato estatal. Ahora puede afirmar con tranquilidad que el Estado se funde con su figura de autoridad, con los sueños de grandeza que, en días que parecen muy lejanos, fueron elegidos por los antiguos ciudadanos devenidos hoy en meros súbditos. Sucede en todos los continentes, en nuestra América más que en otros. Los gloriosos hombres fuertes se erigen por encima de los derechos y las libertades. 

El votante debe asumir su responsabilidad de elector. Debe enfrentar la ligereza de razonamiento que otorgó el poder a esas alternativas que ahora lo oprimen. El miedo, la influencia de bien pagadas voces ominosas, y el afán de ocultar las propias debilidades llevan a los individuos a imaginarse cercanos a figuras heroicas y valerosas que apenas son resabios de sueños infantiles de poder. Esos personajes portadores de éxito y riqueza encarnan todo cuanto el inconsciente colectivo de la masa desea. Seres que se destacan por encima de la vulgaridad y la humillación de la vida cotidiana, de los trabajos mal pagados, de las deudas, de los sueños que nunca se cumplirán. Esas ilusiones acapararon los votos y son los nuevos jinetes del apocalipsis de la democracia. Soñamos con héroes y despertamos con villanos.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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