Han transcurrido más de dos décadas desde el retorno de la democracia en Ecuador. Sin embargo, este sistema que los griegos definieron como el «gobierno del pueblo» parece cada vez más distante de su significado original. La democracia ecuatoriana se asemeja hoy a una embarcación que navega en medio de una turbulencia al mando de un capitán que pese a no conocer el rumbo se aferra al timón mientras la tripulación se desespera ante la impotencia.
Mientras escribo estas líneas, vienen a mi memoria escenas de la sátira política de El Dictador, donde las elecciones existen únicamente para legitimar decisiones previamente tomadas. También recuerdo los procesos electorales de la España franquista o los plebiscitos impulsados por regímenes autoritarios que buscaban revestirse de legitimidad democrática sin permitir una verdadera competencia política. Aunque los contextos históricos son distintos y las comparaciones tienen límites evidentes, todos comparten un elemento común: la progresiva reducción del espacio para la oposición.
La democracia no se define únicamente por la existencia de elecciones. Los regímenes autoritarios también han organizado comicios. La diferencia fundamental radica en que una democracia auténtica garantiza que todas las fuerzas políticas puedan competir en condiciones razonablemente equitativas. Sin oposición no existe control del poder; sin pluralidad no existe debate; y sin alternativas reales el voto se convierte en una simple formalidad.
En Ecuador, las recientes sanciones que afectan a actores políticos y organizaciones relevantes han alimentado una creciente sensación de incertidumbre. Más allá de la discusión jurídica sobre cada caso, el efecto político es evidente: se reduce la presencia de voces capaces de disputar el poder en las urnas. El verdadero riesgo es que la ciudadanía se acostumbre a ver como normal la reducción del pluralismo. Cuando una democracia deja de garantizar la competencia entre distintas visiones de país, deja de ser una casa común para convertirse en un monólogo institucional.
Jorge abad
jhabad@utpl.edu.ec