De alianzas, acuerdos y pactos

Un titubeante contexto político domina la escena social, y en la víspera de las elecciones seccionales, los acuerdo, las alianzas y los pactos son la tela que cortan los noticieros, los analistas y por supuesto los mismos actores políticos.

Lo bueno: Generan gobernabilidad, anticipan boicots, congregan voluntades, y provee aliados estratégicos, pero frente a un proceso electoral el objeto es reforzar una candidatura.

Lo malo: Anulan principios e ideologías por intereses a corto plazo, limitan la capacidad de acción y elección, y de no ser acertados, aniquilan cualquier posibilidad electoral.

Esta última consideración es el efecto de mal calcular políticamente y pensar que en política todo se vale; pero la improvisación no perdona y así lo expuso Pachakutik y Renovación Democrática en Loja, que luego de un altisonante acuerdo, la efervescencia duró tan solo tres días, y así como se hizo, la alianza se deshizo.

Esto nos demuestra que hoy asistimos a una mala práctica de alianzas, resultado de un carente trabajo político en la creación de nuevos liderazgos, una nula participación de las bases en la toma de decisiones, y talvez lo más preocupante, una exigua intervención femenina en todos estos procesos democráticos.

Sin duda todo esto ha obligado a Partidos y Movimientos proponer o aceptar cualquier tipo de pactos, quedando a la deriva su supuesta fuerza política, y en su lugar apelar a las alianzas como mecanismo de “fortalecimiento”, pero sobre todo con el anhelo de captar las mejores candidaturas y cuadros del mercado.

En fin, si bien los acuerdo y pactos se constituyen como medios de negociación para conciliar intereses, solo se pide que los intereses sean los de la mayoría y no de particulares.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com

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