Leer, oír, y ver noticias hoy, es absorber soberbia, ignorancia y exceso de redes sociales, parece que todos estamos del lado bueno y unos pocos del lado malo, pero después de todo no importa el lado, solo importa ponderar nuestra supuesta bondad y deseos de paz mundial, mientras esperamos que las balas de una guerra que no entendemos lleguen a rusos y no a ucranianos; que antinomia de opinión.
¿Pero cuánto sabemos de Ucrania, cuánto sabemos de Rusia o peor aún cuanto sabemos de Rus´ de Kiev?, siempre lo he dicho, el análisis no puede ser simple, no debe serlo, hoy más que de costumbre los mass medias no informan, inciden en opiniones, actúan políticamente y generan antípodas de opinión tan simples como quienes son los buenos y quienes son los malos.
Y con ello surge algo aplastante, algo que como sociedad nos volvió a retroceder dos pasos históricos, y volvimos al estado del estigma, del prejuicio, de pensar que todo ruso es malo, de creer que cualquiera que apoye a esta nación o a este PUEBLO está equivocado, como si Rusia solo fueran soldados y no existirán niños, mujeres, amas de casas, estudiantes, pueblo informal, y que muy probablemente también están muriendo y sufriendo.
Y quiero ser claro, no contra peso opinión a favor de nadie, solo insto a salir de la zona de confort e indagar un poco más antes de poner el corazón amarillo y azul, leamos también de la historia de Donetsk y Luhansk, escuchemos la otra versión, la que no se nos cuenta, la que no sale en canales “independientes”, la que incomoda, y que nunca es publicada.
Porque muy probablemente en un futuro habrá que poner también un corazón blanco, azul y rojo.
Jorge Ochoa Astudillo
socjorgeochoaa@gmail.com