¿Cerebro o teléfono celular?

Estoy seguro que alguna vez a cada uno de nosotros nos ha sucedido o hemos cometido la imprudencia de atender más al teléfono celular que las personas que se encuentran a nuestro lado dentro de una reunión laboral, social o familiar.

Me encontraba compartiendo con un grupo de jóvenes una charla acerca de emprendimiento juvenil y las diferentes alternativas que tenemos los jóvenes en la vida actual, al fondo a lado izquierdo cómo siempre se encontraban dos de ellos sumergidos en su teléfono móvil, sin saber de más del mundo de las redes sociales. Observando este escenario decidí iniciar la charla con una pregunta a uno de estos personajes, y pregunté: ¿Cuántas horas al día promedio tienes relaciones con tu teléfono móvil?  Y ¿Cada que tiempo limpias internamente tu teléfono? El respondió: “Lo utilizó cada vez que tengo una notificación y lo limpio cada vez que se llena mi memoria interna de los archivos que me envían”. Luego manifesté. Si utilizas tú teléfono cada vez que llega una notificación o “suena” y limpias tú teléfono cada vez que se llena tú memoria. ¿Cada que tiempo haces caso a tus reflexiones y cada que tiempo limpias tu cerebro? La respuesta fue su largo silencio en la sala que basto para captar su atención.

Estamos mal acostumbrados a la materialización, que nos olvidamos de la vida real y lo que nos permitirá desarrollar como personas. Un viejo sabio decía que cuando tengas cuando tengas que trabajar, trabaja, cuando tengas que bailar, baila, cuando tengas que pensar, piensa que es gratis. Se trata de dar a cada cosa su uso razonado y no convertirnos en su esclavo, para no creer en lo primero que nos dice la gente, por ello tenemos que limpiarlo cuando aprendemos mal. Sólo un buen corazón y buen cerebro harán cosas extraordinarias.

Andrés Ontaneda Vivanco

eaontaneda@gmail.com

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