Bestialidad y barbarie

Más allá de la salvajada diplomática y la violación al derecho y la institucionalidad internacional, la injustificable irrupción en la Embajada en México en Ecuador por orden directa del Presidente de la República, es una clara estrategia político-electoral anclada al odio que desde hace años siembran desde el ala del anticorreísmo, y cuyo propósito es legitimar la tendencia del sí en la próxima consulta popular y referéndum, cuya mayoría de preguntas versa sobre obviedades. De hecho, Noboa y sus acólitos lo hacen con pleno conocimiento de causa, por cuanto en escenarios similares, Moreno y Lasso aplicaron estrategias judiciales análogas en aras de obtener resultados favorables, como efectivamente sucedió, pese a que sus gobiernos estaban al borde del colapso.

A ello se suma toda la narrativa que se construye detrás de este caso y que, al parecer, consumimos sin ambages y hasta rayando en la gula. Ahí está, por ejemplo, el hecho de defender la incursión en la sede diplomática del país azteca, que a todas luces es dictatorial, abusiva y contraria a derecho. O intentar justificar la incursión por el hecho de que Glas esté sentenciado. E inclusive, el hecho de calificar de héroe al presidente por tomar “decisiones valientes”. Pues ese es el problema: les encanta ser demócratas y defensores de la institucionalidad cuando les conviene, cuando solo se trata de palabrerías y no de un pragmatismo real. Les encanta apegarse al derecho solo cuando conviene a sus concepciones personalísimas, intereses de grupo y bajas pasiones. Les fascina intentar reducir la discusión a un nivel de infantilismo tal, como para hacernos creer que se trata del correísmo versus el anticorreísmo. El hecho es que, indistintamente de si era Glas o cualquier otro ciudadano con condición de asilado político, no se podía, bajo ninguna premisa, ingresar abruptamente como lo hicieron. Lo reprochable, en todo caso, es que el presidente haya recurrido a una bestialidad de esta magnitud solo por legitimarse en la consulta y en su ejercicio de gobierno, a sabiendas de que hay una fracción de la población que ya le reclama por la nula gestión. Necesita, además, ganar las elecciones de 2025. ¿El fin justifica los medios?

José Luis Íñiguez G.

joseluisigloja@hotmail.com

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