En la mitología romana Jano es el dios de los comienzos, de las transiciones y se caracteriza por tener dos caras; de Jano proviene el anglicismo january que en español significa enero. Por lo tanto, enero es el mes que mira con una cara hacia el año viejo y por otra hacia el nuevo. También Jano pide una tajante división entre la vida privada y la vida pública, rasgos que podrían llevar a la persona a la esquizofrenia (del griego σχίζειν = escindido, dividido). En el año viejo hemos visto el incremento en la sociedad del número de personas esquizofrénicas que no llevaron una vida privada digna y al final surgió, en la vida pública, la indignidad del indigno, donde y cuando menos se esperaba. De seguro seguirán en el nuevo año las indignidades: trampas, pequeñas y grandes corrupciones, fraudes electorales, sobornos para agilizar un trámite (bajo el principio de que quien no transa no avanza), entre otros. ¿Cómo esperar que las personas sean íntegras si los enfrentamos a esta esquizofrenia de Jano? Nuestra propuesta para este nuevo año es dejar de ser amigos de Jano (mi vida privada y mi vida pública nada tienen que ver) y en su lugar tomar en cuenta que lo público y lo privado tienen su raíz en la unidad de la persona humana; es la persona en su integridad un dentro que necesita un fuera y un fuera que necesita un dentro. La naturaleza humana es la misma en lo público (social y político) y en lo privado (intimidad del hogar). Ninguna persona puede despojarse de sus cualidades personales, de sus hábitos, positivos o negativos, que forjan su carácter. Para que este año nuevo sea digno de felicidad debemos ser personas decentes, luchado contra aquello que escinde lo privado y lo público. Persona que no quiere ver esto es interesadamente miope, tanto que contamina su miopía.
Jorge Benítez Hurtado
jabenitezxx@utpl.edu.ec