Al inicio del siglo XXI se destacó la importancia de ejecutar programas de educación permanente para que las personas aprovechen las tecnologías emergentes, interactúen a través de las redes de información y estén en condiciones de intervenir en la reconfiguración laboral que deriva del aparecimiento de nuevos empleos.
Bajo esta premisa, la formación continua es una constante, como lo evidencia la demanda creciente de cursos, talleres, diplomados y más ofertas, formales e informales, que están al alcance de los ciudadanos. Además, instituciones y empresas de capacitación atienden a públicos que están en distintos países y hablan diferentes idiomas, es decir, se vive una educación global.
Pero, además de cubrir los requerimientos instrumentales, se debe responder a reivindicaciones sociales que exigen diversidad, pluralidad y participación, expresadas en términos de género, ecología, democracia, solución pacífica de los conflictos y movilidad humana, en otros.
Ocurre entonces que surgen nuevas alfabetizaciones que conforman los currículos escolares, donde los contextos, las competencias específicas, así como las condiciones de inclusión y accesibilidad son cimientos imprescindibles para la vida en comunidad.
Lograr la recapacitación (reskiling) y el aprendizaje continuo (upskilling) será consecuencia del despliegue de las tecnologías de la información y comunicación, y del apoyo de los Estados. Es necesario ampliar la cobertura de la internet, contar con más dispositivos y que las políticas educativas propicien modelos pedagógicos que fomenten la creatividad.
Se habla de la inteligencia artificial y de telefonía 5G como las vías para concretar el aprendizaje a lo largo de toda la vida, que la Unesco promueve, pero mientras no se cubran las necesidades básicas de las escuelas, Ecuador seguirá rezagado de las nuevas alfabetizaciones.
Abel Suing
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