Absortos de soledad

Por las resbaladizas y frías aceras de Loja se sienten ya, sin peso ni forma, los pasos de los mismos de siempre y otros más, que son más de lo mismo de siempre, pero con careta distinta, son los pasos gastados de moribundos personajes, hinchados de ego, que han remplazado las ideas por vanidades, ansiosos de poder, son amigos de todo el mundo, y reparten abrazos a todo distraído que se encuentra en su camino, vestidos de sonrisas.

“Son mansas palomas que procuran el bienestar colectivo”, hablan de cambios, de gente nueva y otra vez, hablan de lo mismo, es decir, de nada mientras apresuran a toda marcha, las funditas de caramelos, que no falten en las manos de los vulnerables, para que ellos también, sientan la magia de la Navidad en tiempos de campaña electoral, y mientras todo eso pasa, abonan a los contenidos de las cuentas de TikTok, en franca competencia, por ver quién hace mejor el ridículo, unos más y otros menos creativos, con “medias” tintas y hasta con medias de colores, sin propuestas claras, ni contundentes, ni mucho menos objetivas, pero eso sí, con harto atropello, confrontaciones y mucho sinsentido, ciudadanos que no mismo se sabe para qué mismo quieren el poder, que uno los escucha y queda en las mismas, porque por más que dicen, no dicen nada.

Loja, la triplemente universitaria, la que mejor le hace al castellano, la de los versos floridos y serenos a media noche, la tercera ciudad del estado fallido de Ecuador, no merece personajes vestidos con caretas con sonrisas.

Loja, la cuna de la música nacional, la ciudad de la ‘Loca María’, de ‘Panuro’, y pintores como Kingman, de escritores como Pablo Palacio, Benjamín Carrión, Miguel Riofrío y la primera novela ecuatoriana, de Alfredo Mora Reyes, de cantores del pueblo como Tulio Bustos, entre otros, esta Loja, merece respeto.

Gabriel Villalta Moncada

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