Hace exactamente 20 años se daba uno de los eventos más vergonzosos para la política internacional y para la especie humana. Se invadía un país soberano sobre una mentira infame.
Antes de la invasión como ya es típico, sonaron los tambores de la guerra y todos los medios de comunicación al unísono repetían que alguien debe parar a Sadam Husein. Ese alguien a través de su Secretario de Estado Colin Powell, ideó que el país árabe poseía armas de destrucción masiva y que era urgente terminar con tan terrible amenaza. Un puñado de países “amantes de la democracia” organizaron la feroz incursión en donde asesinaron a casi un millón de personas, en su mayoría civiles: ancianos, mujeres y niños. Han pasado 20 años y jamás encontraron las armas que usaron como pretexto de la invasión.
En realidad, no eran las supuestas armas de destrucción masiva lo que quitaba el sueño a los invasores si no los gigantescos recursos naturales que poseía el país árabe.
Irak, otrora cuna de la civilización; inventores de tantos avances para la humanidad como el primer Código de Leyes como fue el C. de Hammurabi, inventores del arado y de la agricultura además de uno de los inventos más grandes de la humanidad sin el cual probablemente no hubiera sido posible la civilización actual como fue la rueda; en pocos meses era reducido a cenizas.
Hace 20 años a punta de cañón se borraba del mapa a una de las civilizaciones más grandes y antiguas de la humanidad, se incendiaron sus bibliotecas milenarias y ardieron en cenizas miles de años de historia y de sabiduría. Ellos, los invasores, alzaron con sus recursos naturales y hoy ya casi nadie nos habla de Irak. En ese país de la Mesopotamia, solo queda humo, destrucción, tragedia y muerte.
Los Medios de comunicación que nos bombardeaban entonces con los sucesos de Irak, ahora nos “informan” con otros intereses que tienen los mismos países de entonces, solo que en otras latitudes.
Hever Sánchez M.
@Hever_Sanchez_M