El patrimonio habitado: cuando el centro de Loja deja de ser una casa

Municipio, universidades y centros de investigación tienen una oportunidad para analizar cómo están cambiando los usos de los inmuebles.

Los cascos céntricos representan la evolución de la sociedad y concentran instituciones que forman parte de su historia.
Los cascos céntricos representan la evolución de la sociedad y concentran instituciones que forman parte de su historia.

A las 06:30, el centro de Loja despierta con el movimiento de estudiantes, trabajadores, vehículos y comercios. Durante el día, sus calles concentran buena parte de la actividad económica, administrativa y cultural de la ciudad. Pero después de las 19:00, cuando oficinas y comercios comienzan a cerrar, el movimiento disminuye.

Esta dinámica plantea una pregunta que va más allá de la conservación de edificios históricos: ¿qué sucede cuando un centro histórico conserva su arquitectura, pero pierde progresivamente a quienes viven en él?

Para Fernando Moncayo Serrano, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), el centro de Loja atraviesa una transformación que requiere analizar el equilibrio entre actividad económica y vivienda. Los cascos céntricos representan la evolución de la sociedad y concentran instituciones que forman parte de su historia, por lo que el desafío está en evitar que estos espacios se conviertan únicamente en lugares de ocupación temporal.

Rehabilitación arquitectónica

El proyecto Regenerar intervino aproximadamente 170 hectáreas del casco urbano central, fortaleciendo actividades comerciales, gastronómicas, administrativas y de servicios, además de renovar la imagen de este sector. Sin embargo, la transformación también plantea desafíos relacionados con la congestión vehicular, la disponibilidad de estacionamientos, la contaminación y la seguridad.

A esto se suma una posible modificación en los usos del suelo y en los costos de ocupación de los inmuebles, que podría estar desplazando progresivamente determinadas actividades residenciales. Aunque sus efectos a largo plazo todavía requieren ser estudiados, Moncayo plantea que los futuros procesos de rehabilitación arquitectónica deberían enfocarse en recuperar las edificaciones preexistentes para el uso de vivienda.

Esta preocupación también aparece en el Plan de Uso y Gestión del Suelo (PUGS) 2023-2033, que reconoce al centro urbano como la principal centralidad de Loja y plantea consolidarlo preservando sus condiciones de habitabilidad y fortaleciendo su función residencial.

Análisis

El reto, entonces, no consiste en detener la transformación del centro, sino en comprenderla y conducirla. Municipio, universidades y centros de investigación tienen una oportunidad para analizar cómo están cambiando los usos de los inmuebles, quiénes permanecen y qué actividades están sustituyendo a la vivienda.

La arquitectura puede aportar a esta discusión mediante la recuperación de edificaciones existentes para nuevos usos residenciales, aprovechando el patrimonio construido y evitando que su conservación se limite a mantener fachadas.

Para Moncayo, son los residentes quienes, más allá de la actividad económica y el turismo, sostienen la vitalidad permanente y la autenticidad del centro de la ciudad. Porque un patrimonio no se conserva únicamente cuando permanece en pie. Se conserva cuando continúa formando parte de la vida de la ciudad.

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