La pobreza rural no se mide en kilovatios

¿Si en el campo se consume más electricidad, significa que hay más plata? Esa interpretación confunde actividad económica con bienestar. Una bomba de riego puede funcionar más horas porque falta agua; una refrigeradora puede gastar más para conservar la cosecha. En ambos casos aumenta el consumo, pero también la factura. Ninguno de esos datos revela cuánto gana la familia.

Las cifras de 2026 cuestionan esa conclusión. En mayo, según el INEC, el ingreso laboral promedio mensual fue de USD 365 en el área rural, frente a USD 516 en la urbana. Además, el 76 % de los ocupados rurales trabajaba en el sector informal, frente al 40 % de los urbanos.

Durante el primer trimestre de 2026, solo el 18,0 % de la población rural con empleo tenía un empleo adecuado; en las ciudades, la proporción alcanzaba el 44,9 %.

La electricidad es indispensable para producir y vivir mejor, pero consumirla cuesta dinero. Para saber si una familia prospera hay que examinar sus ingresos, sus costos y lo que le queda después de pagarlos. Un agricultor puede usar más energía y, al mismo tiempo, recibir un precio insuficiente por su cosecha.

El Gobierno debería celebrar que el campo tenga mejores servicios. Pero no puede presentar un mayor consumo eléctrico como prueba de más ingresos mientras los ingresos rurales siguen por debajo de los urbanos. Que el medidor gire más rápido no significa que el bolsillo esté más lleno.

Santiago Ochoa Moreno

wsochoa@utpl.edu.ec

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