Recientemente salieron los resultados del famoso programa para la evaluación internacional de los estudiantes, más conocido como prueba PISA, la misma que evalúa el nivel alcanzado en lectura, pensamiento matemático y científico en jóvenes de 15 años; la finalidad del test es evaluar lo que pueden hacer los estudiantes con esos aprendizajes. Como era de esperar los resultados muestran que Ecuador está por debajo del promedio de la OCDE en Matemáticas, Lectura y Ciencias, esto demuestra que la educación básica no está funcionando como se espera. Si nuestros jóvenes se sacan bajas notas en las asignaturas más fáciles como matemáticas (conocida también como ciencia rigurosa), ciencias y lectura, no me imagino las notas que se sacarían en asignaturas mucho más complejas como «humanidades» (y todo lo que ello implica), que enseñan al estudiante a ser más humano, moral, fraterno y con entrañas de misericordia. Nos hicieron creer que las matemáticas y lo científico-técnico es lo más difícil, pues resulta que no, ¡al contrario es lo más fácil, de ahí sus avances vertiginosos que no se detienen! En cambio, lo verdaderamente difícil es lograr que el ser humano sea bueno, en el buen sentido de la palabra bueno. El homo sapiens sapiens (dos veces inteligente) más bien está involucionado y deviniendo homo malus stultus (malo y necio) con su comportamiento tramposo y rencoroso más que altruista o ingenuo. Si lo específico del altruista es la bondad, y lo del tramposo el creerse más inteligente, del rencoroso lo es la incapacidad de olvidar las injurias, de ahí la adicción a la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente, golpe por golpe. Si en país tramposo predomina la mentira, el soborno y la coima, en país rencoroso la ley, el juridicismo: que quien la hizo la pague, cosa que, por lo demás, poquísimas veces se cumple. El rencoroso no se pregunta si la justicia es ella misma moral; limitándose a aplicar la ley, se convierte en un burócrata metafísico. Ante esto, sugiero que se incluya en la prueba PISA la evaluación en humanidades para que, con prontitud y agrado, los sistemas de educación básica de todos los países trabajen sin cesar en conseguir que los estudiantes, desde las tiernas edades, sean formados «en piedad y letras» para que se conviertan en buenos samaritanos.
Jorge Benítez Hurtado
jabenitezxx@utpl.edu.ec