¿Algo está mal en el país? Probablemente. ¿La corrupción campea en los niveles más altos de Gobierno? Parece que sí. ¿La delincuencia y la violencia han disminuido? Definitivamente no.
Son temas ordinarios para el ciudadano común, preguntas que se las hacen y se las responden mecánicamente, porque la gente no discute sobre política, dice estar hastiada, dicen ser “apolíticos” o la frase cliché más estridente, “yo no vivo de la política”, (error de principio).
En efecto estamos en el momento perfecto para que los tiranos se froten las manos, porque saben que al pueblo no le interesa más lo que haga el Gobernante. Y es que cuando una sociedad se deslinda de la política, se está deslindando de lo más importante que tiene una persona al vivir en sociedad, que es su responsabilidad colectiva frente a una fuerza imparable, o el principio humano de supervivencia en colectivo.
No te das cuenta, pero estas aceptando volver a un estado de Naturaleza, donde el más fuerte sobrevive a costa del más débil, ese débil que no tendrá nunca las condiciones, los medios, ni los contactos para mantenerse en este espacio.
Lo que no te cuentan, es que probablemente tú estás en este grupo de débiles. Porque siendo autocrítico, en una sociedad violenta, cuantas veces has empuñado un arma; en una sociedad consumista, cuánto dinero tienes ahorrado a fin de mes; o más simple en una sociedad clasista y elitista cuantas propiedades y riquezas has heredado de tu pasado.
Es dura la comparativa, pero en este tipo de sociedad, en el que el humano es egoísta por naturaleza, y donde se necesita un poder fuerte para evitar la guerra, tú has decidido que no te importa quién sostenga la espada.
En una sociedad que necesita un acuerdo real donde las personas aceptan normas y ceden parte de su libertad para vivir en orden y con derechos protegidos, tú has resuelto que no te incumbe si el poder se salte estas mismas reglas. Eso es ser apolítico.
Lastimosamente el pensamiento no se cambia con literatura, sino con praxis y estamos llegando a ese punto sin retorno, en el que el día a día ya no será vida, sino supervivencia. Solo mira a un lado y a otro y recuerda cómo ha cambiado tu entorno y cuantas personas te faltan.
Solo espero que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena como decía Sabina
Jorge Ochoa Astudillo
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