Sabemos, sin ruborizarnos, que Ecuador no es el epicentro internacional del mayor nivel académico, y que, lamentablemente, nos hemos mantenido a la sombra de propuestas que devienen de otros países que trabajan mejores estándares de calidad educativa que el nuestro. A nivel de Latinoamérica significamos poco; a nivel global, menos, aún.
Quizá este ha sido un tema que no ha generado mayor preocupación en el país, por el conformismo con el que, en el área educativa, nos mantenemos, pensando que, con lo poco que generamos en materia de conocimientos es suficiente. Sin embargo, los recientes resultados de evaluación PISA 2025 nos causan escalofrío porque, Ecuador registró un retroceso en las tres áreas evaluadas por estas pruebas, cuyos resultados fueron publicados el martes 8 de septiembre.
En comparación con la evaluación de 2017, Ecuador perdió siete puntos en ciencias, 24 en lectura y 11 en matemáticas. En el ranking internacional, el país se ubicó en los puestos 70 en ciencias, 65 en lectura y 76 en matemáticas, entre 91 países evaluados. Para el aplauso está Japón con el más alto nivel de aprobación. Para consuelo, países europeos como España y Alemania, no están mejor que nosotros.
En Ecuador, 9 128 estudiantes de 266 instituciones educativas rindieron la evaluación. La muestra representa a unos 267 900 estudiantes de 15 años, aproximadamente el 84 % del total de jóvenes de esa edad, de las regiones Costa, Sierra, Oriente y Galápagos, de instituciones fiscales, fiscomisionales y particulares, de sectores urbanos y rurales, según informó María de Lourdes Muñoz, Directora Ejecutiva del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, (Ineval), que aplica las pruebas en el país.
La ministra de Educación Gilda Alcívar García, a través de varios pronunciamientos, ha evidenciado la preocupación de su cartera por los resultados de las pruebas de evaluación PISA que, en pocas palabras, dice que nuestros adolescentes tienen severas deficiencias en matemáticas, 2 de cada 10 alumnos aprueban, igual en comprensión lectora: los estudiantes no entienden lo que leen, peor emiten juicios de valor sobre lo leído.
La evaluación PISA exige cambios sustanciales en nuestros planes y programas, en metodologías y procedimientos didácticos y en compromisos que todos debemos asumir: directivos, docentes, padres de familia, alumnos y sociedad en general.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com