Actuar en consecuencia

Una definición simple y de meridiana comprensión dice que “actuar en consecuencia significa hacer algo que va de acuerdo con lo que se dijo, se decidió o pasó antes. Es responder de forma lógica a una situación o cumplir con una regla. Términos que refuerzan este criterio son coherencia, sentido común y responsabilidad”. Y está direccionada para calificar todas las actividades que realiza el ser humano. ¿Actuamos todos en consecuencia? Si la respuesta fuera afirmativa, los pueblos del mundo serían perfectos, ajenos por completo a tanta hipocresía, corrupción, mentiras, engaños que nos ocasionan tanta decepción.

Todas las actividades que realizamos están incluidas en estas tres palabras: “actuar en consecuencia”; sin embargo, en esta ocasión me voy a referir a la política, actividad humana que, llevada a la práctica con dignidad, es la base para el desarrollo de los pueblos, caso contrario, su destrucción. Nuestro país vive momentos previos a elecciones seccionales, programadas para noviembre. Los tiempos se vienen cumpliendo de conformidad con el cronograma dispuesto por el CNE. Y ya se han inscrito los miles de precandidatos que aspiran a ser alcaldes, prefectos, consejeros, concejales, representantes de juntas parroquiales o integrar el CPCCS. Esto parece una feria, con tanto partido y movimiento, algunos con nombres que denotan interés político, otros casuales, folclóricos y hasta hilarantes.

Sin embargo, lo que más llama la atención de los partidos y movimientos, es que se manejan sin doctrina ni filosofía ni proyectos de trabajo. Solo quieren llegar al poder porque, sus aspirantes, están convencidos de que una vez arriba se han sacado la lotería, excepción con aquellos que sí piensan en servir al pueblo. Lo gracioso es la presencia de partidos que se han convertido en “vientres políticos de alquiler” que dan acogida a candidatos que, porque el movimiento al que pertenecen tiene problemas con el Código de la Democracia y sus normas legales, no pueden participar en su representación y deben alinearse con quienes les ayuden a gestar sus posibilidades de triunfo. No importa que antes hayan sido enemigos irreconciliables porque ahora, de manera extraña, están de acuerdo con aquello de que “el fin justicia los medios”.

Para la praxis, actuemos siempre en consecuencia, porque será la única forma de ser sinceros con nosotros y con nuestro entorno.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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