Menos subsidios, más derivados

Ecuador avanza en la reducción de los subsidios a los combustibles bajo la premisa de disminuir la presión sobre las finanzas públicas. Sin embargo, existe una contradicción: mientras el consumidor enfrenta precios más altos, el país depende cada vez más de combustibles importados.

En el primer semestre de 2026, las importaciones de combustibles y lubricantes alcanzaron aproximadamente USD 4.511 millones, un incremento cercano al 35% frente al mismo período de 2025. El problema no es únicamente cuánto cuestan los derivados, sino por qué un país petrolero necesita comprarlos crecientemente en el exterior.

La respuesta está, en buena medida, en nuestra debilidad estructural. La producción nacional de petróleo continúa deteriorándose: entre enero y mayo de 2026 cayó alrededor de 1,5%. A esto se suma una capacidad de refinación insuficiente para transformar nuestro propio crudo en gasolina, diésel y otros derivados que demanda la economía.

Así aparece la paradoja: exportamos petróleo crudo y luego utilizamos dólares para importar productos refinados de mayor valor. Reducir subsidios puede corregir distorsiones fiscales, pero no constituye por sí mismo una política energética.

El verdadero debate debería centrarse también en recuperar la producción petrolera responsablemente, modernizar las refinerías, reducir pérdidas e ineficiencias y acelerar alternativas energéticas.

De lo contrario, tendremos combustibles más caros para los hogares y las empresas, pero seguiremos enviando miles de millones de dólares al exterior. Eliminar subsidios sin resolver la dependencia de derivados importados cambia quién paga la factura, pero no ha solucionado el problema.

Santiago Ochoa Moreno

wsochoa@utpl.edu.ec

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