¿Por qué no?… sí puedes hacer milagros!
Si Cristo para que le creyeran, tuvo que unir a sus palabras, hechos maravillosos y obras sorprendentes, a los cristianos no nos queda otra cosa que hacer milagros, si queremos ser signo eficaz de la nueva presencia de Dios.
De tal manera que, como buenos cristianos, tenemos que hacer:
El milagro de sacrificar nuestras comodidades y nuestros gustos en beneficio de algún familiar nuestro…Y hacerlo con agrado.
El milagro de devolver el habla, el saludo y hasta el cariño, a aquella persona que nos maltrató, nos ofendió y de la que nos hemos distanciado hace ya tiempo.
El milagro de despreocuparnos un poco del futuro de nuestros hijos… y preocuparnos un poco más del presente de aquella familia que está sin trabajo; de aquella viuda, de aquella persona miserablemente pobre.
El milagro de tratar -independientemente de su posición social o económica- como quisiéramos que se nos trate a nosotros. Desempeñar nuestro trabajo con todo el esfuerzo y la responsabilidad que requiere.
El milagro descomunal de no aprovecharse de nuestro puesto o cargo para obtener ganancias indebidas, y El milagro de permanecer fieles, leales y adictos a nuestra creencia y convicciones, a pesar de todas las contrariedades y corrupciones con que tropieza uno.
El milagro de la constancia en nuestros afectos, amores y lealtad, probando con nuestra probidad que el verdadero amor, nunca fenece. Al contrario, siempre crece.
Cristo no vino para ser servido, sino para servir. Así es que nosotros en el paso por esta existencia, nos toca también por donde vayamos, ser útiles, servir a Dios a través de los demás.
Seguro será nuestro mayor milagro.
Edgar Alejandro Ojeda Noriega
eaguasysuelos1@gmail.com