¿La política que merecemos?

Hemos normalizado la política del grito por sobre la política de las ideas; la política del insulto por sobre la fuerza de los argumentos; la política de la hacienda por sobre la política democrática; la política de la imposición a toda cosa por sobre la política de la deliberación; la política de las mentiras por sobre la verdad.

Hemos normalizado la política de la transacción por sobre la política de los ideales; los acuerdos bajo la mesa por sobre la transparencia; la conveniencia personal por sobre la responsabilidad pública.

Hemos normalizado una política en la que los intereses individuales prevalecen sobre los intereses colectivos; en la que llenar bolsillos y proteger negocios particulares parece importar más que construir mejores condiciones de vida para todos.

Y quizá lo más preocupante no sea solamente que estas prácticas existan, sino que hayamos empezado a considerarlas normales. Porque cuando la sociedad se acostumbra al insulto, a la trampa, al escándalo y al abuso, deja de preguntarse si esa es la política que quiere y comienza a asumir que es la única política posible.

Pero lo normal también puede cuestionarse.

Podemos preguntarnos si esta es la política que queremos para nuestra ciudad o simplemente la que hemos aprendido a tolerar. Si esto es realmente lo mejor que somos capaces de construir como sociedad o si, por el contrario, estamos renunciando a la posibilidad de construir algo distinto.

Porque la política debería ser una de las expresiones más elevadas de nuestra condición humana: la capacidad de ponernos de acuerdo, de imaginar un futuro común y de construirlo juntos.

Cuando la política se convierte únicamente en gritos, insultos, negocios y enfrentamientos, quizá no estemos viendo una muestra de poder, sino una muestra de nuestra propia incapacidad para superar nuestra animalidad.

Y tal vez el verdadero desafío de estas elecciones no sea solamente decidir quién gobernará Loja sino decidir qué clase de política estamos dispuestos a seguir normalizando.

Pablo Ruiz Aguirre

pabloruizaguirre@gmail.com

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