El Ecuador de hoy, este nuevo país en el que todos sobrevivimos, se encuentra atrapado en la tontería legislativa. Hace poco comprobamos como las bobadas centralistas que limitaban la autonomía presupuestaria de los gobiernos locales se potenciaron hasta someter a municipios y prefecturas al control de algún soñoliento funcionario ministerial que, eventualmente, tendría la potestad de decidir lo que conviene en cualquier cantón de la república. Las pobres neuronas de nuestros Asambleístas, borrachas de dinero y de poder, solo pudieron conectarse para producir una ley reformatoria cuyas consecuencias comenzaremos a saborear en este segundo semestre del 2026. Todo indica que las tareas de la cultura y la educación, las que permiten que exista el conocimiento necesario para levantar la infraestructura, estarán prohibidas a los gobiernos autónomos. Y como nuestro ejecutivo que nada ejecuta también descuida estas tareas muy pronto volveremos a los tiempos en los que acceder a la escuela, leer un libro o disfrutar del arte eran los privilegios reservados a las personas poseedoras de la riqueza y consagradas a su cuidado.
Se trata, en definitiva, de la diferencia entre los súbditos y los ciudadanos. Los primeros se limitan a obedecer en tanto que los últimos tienen la capacidad de pensar y de decidir sobre las vidas de los pueblos. En la Roma antigua el Imperio tenía súbditos y los municipios ciudadanos. El poder imperial se detenía en donde comenzaba la libertad ciudadana. Este es el fundamento del municipalismo y de la idea de descentralización. Por supuesto tal fundamento de la democracia se escapa a los acuciosos legisladores que alzan sus manos sin despegar la vista de sus teléfonos y de sus cuentas bancarias.
En el Ecuador los gobiernos descentralizados se han preocupado también de la defensa de las cuestiones ambientales y de la ineludible conservación del agua. Las actividades mineras depredadoras se han detenido ante la firmeza de los cabildos. Se ha establecido una relación importante entre el municipalismo, el cuidado ambiental y la salud de los ciudadanos. Este nexo se verá en peligro por la sed centralista de dinero. Las elecciones que se avecinan decidirán nuestra condición, seremos ciudadanos libres o súbditos humillados.
Carlos García Torres
cegarcia65@gmail.com