El alma olvidada del Ecuador

Hay silencios que pesan más que las palabras. Y hay denuncias que, pronunciadas después de abandonar un cargo público, inevitablemente obligan a preguntarse ¿por qué no se dijeron cuando aún se podían corregir?

Las recientes declaraciones de una exviceministra, en las que responsabiliza a la actual Ministra de Educación de obstaculizar proyectos culturales y museísticos, revelan una preocupante pugna institucional que deja a la cultura ecuatoriana como la gran derrotada. Si los hechos denunciados ocurrieron mientras formaba parte de la cartera de Estado, el reclamo tardío no solo pierde fuerza política, sino que corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de corresponsabilidad omitida. Es difícil no pensar que se trata de escupir al aire.

Más preocupante aún, resulta leer que Loja no es considerada una provincia prioritaria por razones electorales, a pesar de que entre las ciudades que más confianza depositaron en las urnas a favor del proyecto político actual, se encuentra esta ciudad fronteriza. Y de ser ciertas estas aseveraciones, es inadmisible que se piense que la cultura debe medirse en votos o cálculos políticos.

Loja ha dado al Ecuador algunos de sus mayores tesoros culturales como la primera novela ecuatoriana, el precursor del vanguardismo en la literatura, músicos de trascendencia nacional e internacional, poetas, pintores, danzarines, escritores y gestores culturales que han enriquecido nuestra identidad. La condición de ciudad pequeña y fronteriza no debería condenarnos, una vez más, a ocupar el último lugar en las prioridades.

El arte y la cultura no son lujos presupuestarios, sino derechos y un motor del desarrollo humano. Investigaciones como las desarrolladas por Ellen Winner, han demostrado que las artes fortalecen habilidades vinculadas con la creatividad, el pensamiento crítico y las competencias socioemocionales indispensables para las sociedades contemporáneas. La cultura es el alma de los pueblos y cuando se la utiliza como arma política, todos perdemos; aunque en Loja, lamentablemente, parece que siempre perdemos un poco más.

Lucía Margarita Figueroa Robles

luma.figueroaro@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *