En el Ecuador contemporáneo, la política es vista a través de un prisma de múltiples y complejas facetas. Al analizar este fenómeno desde la raíz, descubrimos que la escuela, por su razón de ser, ostenta la responsabilidad ineludible de preparar a los individuos para su inserción en la vida pública. Con la finalidad de garantizar el equilibrio institucional y el consenso social que sostienen a una nación democrática.
Sin embargo, al evaluar nuestra realidad actual, es evidente que hemos reprobado. Las profundas desigualdades socioeconómicas y políticas que fracturan al país reflejan que el sistema no está cumpliendo su objetivo. Esto ocurre, en gran medida, porque el marco ideológico que rige la educación actual prioriza el individualismo y la competitividad como un statu quo incuestionable. Al hacerlo, el sistema ignora un sinfín de variables estructurales que juegan en contra de los sectores históricamente más vulnerables.
El resultado es alarmante: en lugar de cimentar una identidad nacional cohesionada, se fomenta una práctica estandarizada del beneficio personal menoscabando cualquier posibilidad de solidaridad colectiva. Esta ruptura no solo se ve en las relaciones entre ciudadanos, sino que es más lacerante cuando se ve la desconfianza hacia nuestras instituciones.
Por consiguiente, tanto la escuela como los movimientos políticos continúan transitando por un carril donde el ciudadano es un sujeto pasivo. Se lo utiliza para responder ante actos consumados, acudiendo a las urnas por obligación para cumplir con «el voto» y «sin beneficio de inventario», despojado de un verdadero pensamiento crítico.
En conclusión, la tesis de un pensador como Ángel Pérez Gómez, quien defiende la escuela como el puente para una inserción armoniosa y equitativa del individuo en la sociedad, corre el riesgo de quedarse en el papel. Por lo que el desafío urgente de nuestra sociedad no es seguir diagnosticando la crisis, sino operacionalizar esos ideales pedagógicos para transformarlos finalmente en una realidad palpable.
Paúl Cueva Luzuriaga
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