Diera la impresión que este momento, en nuestro país, no hay un lugar en el que se pueda estar tranquilo, sin que haya el temor de que algo malo le pueda ocurrir; obviamente, hay provincias y ciudades, sobre todo de la región litoral que, dada su peligrosidad, han obligado a que el gobierno les mantenga en permanente estado de excepción, sin que los resultados sean realmente satisfactorios.
Nuestra ciudad y provincia, antaño paraísos de paz y armonía, también han sentido los problemas a los que estamos haciendo referencia: en los sectores ganaderos con episodios de abigeato y en los cantones y poblados con robos a viviendas, asaltos e inclusive homicidios, algunos en el grado de sicariatos, que vienen causando gran preocupación entre sus habitantes, tomando en consideración que, en materia de seguridad, nuestra policía y fuerzas armadas no realizan mayores gestiones, porque el interés está centrado en trabajar por las ciudades de mayor peligrosidad.
Es notoria la preocupación que nos traen los medios de comunicación con sus informaciones sobre la ola de robos que, últimamente, se están produciendo en sectores urbanos y rurales de las parroquias del sur de nuestro cantón, Malacatos y Vilcabamba en donde, casi a diario, se reportan hechos delictivos de robo y hurto, causados por antisociales que, por las noches, aprovechando que los propietarios de viviendas no se encuentran porque acuden solo los fines de semana, cuando van los viernes o sábados, se encuentran con la desagradable sorpresa de que las seguridades de las puertas han sido destruidas o han hecho perforaciones en las paredes o cortado las mallas de las verjas y han ingresado a las propiedades, de donde se han llevado objetos de valor, de preferencia usados en el campo como cilindros de gas, máquinas cortadoras de césped y más herramientas de labranza. En otros casos han desaparecido televisores, cocinas, equipos de sonido, etc.
La inquietud de los perjudicados radica en que, prácticamente, están desamparados, por la escasa presencia de efectivos policiales, e incluso porque sus denuncias no han llevado a un seguimiento eficiente de manera que se dé con los causantes de estos perjuicios, para que se pueda recuperar lo robado y los causantes sean sometidos a los procedimientos legales y paguen con prisión sus fechorías.
Darío Granda Astudillo
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