Karl Marx apuntaba con agudeza que la historia ocurre dos veces: la primera como gran tragedia y la segunda como miserable farsa o comedia.
En el Ecuador actual, esta sentencia resuena con un eco ensordecedor. Durante la década del correísmo, el magisterio vivió la tragedia de la persecución con la ilegalización de la Unión Nacional de Educadores (UNE) y el asalto de facto al Fondo de Cesantía del Magisterio Ecuatoriano (FCME). Hoy, el gobierno de Daniel Noboa actúa como un papel al carbón de aquel viejo autoritarismo, repitiendo el mismo libreto de asfixia institucional contra quienes se niegan a doblegarse ante el poder.
El reciente cierre y suspensión de las cuentas bancarias de la UNE no responde a un error administrativo ni a un control rutinario; es una retaliación política abierta y dirigida desde Carondelet. Al utilizar a la Superintendencia de Bancos como herramienta de castigo gremial, el régimen de Noboa devela su verdadera naturaleza antidemocrática. Bloquear los recursos de un sindicato histórico no solo busca paralizar su funcionamiento operativo y boicotear su capacidad de movilización, sino también enviar un mensaje de escarmiento a toda la oposición social: la oposición se paga con el estrangulamiento financiero.
Al igual que sus predecesores, Noboa confunde la gestión del Estado con la administración de una hacienda particular donde las leyes y las instituciones de control se instrumentalizan para someter al rival. Con esta maniobra, el Ejecutivo violenta de forma flagrante el debido proceso y pisotea las libertades sindicales consagradas en la Constitución de la República y en los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El silencio gubernamental y la falta de fundamentos jurídicos transparentes solo ratifican el carácter represivo de la medida. Si el movimiento social y los sectores democráticos del país permiten que este atentado contra la UNE se normalice, el gobierno habrá validado la impunidad para desmantelar cualquier foco de resistencia popular. La defensa de la UNE frente a esta burda copia de persecución del pasado ya no es solo una causa de los educadores, sino una trinchera urgente para salvar la agonizante libertad de organización en el Ecuador.
Remo Cornejo Luque
cornejoremo75@gmail.com