Matar al salvaje

La civilización occidental parece haber alcanzado el corazón de la oscuridad que alguna vez Conrad predijo. La paz, la convivencia, la solidaridad, desaparecen en las entrañas violentas de líderes enamorados de su propia imagen. Las mismas bases de la democracia tiemblan, traidoramente golpeadas por quienes están llamados a cuidarlas. La semana anterior el presidente Trump anunció que regresaría a Irán a la edad de piedra donde, según él, pertenece. El domingo desató su furia y su lengua con palabras que no se habían escuchado nunca a ningún gobernante mundial. La destrucción total, la liquidación definitiva del enemigo son el resultado último de miles de años de evolución. Hemos vuelto, en efecto, al estado de naturaleza. Nuestros pensamientos solo alcanzan la perspectiva primitiva de lo inmediato y tienen como alimento único el egoísmo feroz del hombre de las cavernas. Como Kurtz, el noble civilizador del cuento de Joseph Conrad, hemos pasado de los grandes ideales a la brutalidad cotidiana. Se ha decretado que el asesinato masivo es la forma única de preservar a las naciones y de mantener un orden internacional. Las bombas y los misiles son los diplomáticos expeditos que arreglan todos los asuntos. Los negocios se hacen con la pistola en la sien del competidor y solo importa la apariencia hollywoodense de triunfo que pueda satisfacer un ego educado en fantasías añejas de héroes y malvados.

Lo que ocurre en lo grande se replica en lo pequeño. En nuestra esquina del mundo el poder se empeña en acabar con cualquiera que pueda amenazar su hegemonía. Políticos, jueces, periodistas sucumben ante la maquinaria de miedo y resignación que la gran riqueza ha construido. El sistema electoral, que cuidamos con tanto esfuerzo desde el fin de la última dictadura, entró en el pantano de la desconfianza que devora a todas las instituciones del país. Volvemos a las cavernas y zalameros, complacientes, rastreros, inclinamos nuestras cabezas ante el garrote del más fuerte.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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