El arte del kintsugi

En un artículo de Internet me encontré con un tema que me pareció atractivo y que deseo participarles a ustedes. Se trata de un arte nacido en Japón en el siglo XV y que se llama kintsugi.

Cuando un objeto de cerámica, especialmente valioso, se ha caído y se ha destrozado, podemos aplicar esta técnica o artesanía para unir las piezas rellenando las grietas con laca y polvo de metales como el oro, la plata o platino, de tal forma que, en vez de tratar de ocultar la rotura, se la resalta, pero de una manera artística, simbolizando así, en sentido espiritual, la resiliencia, la aceptación de la imperfección y la transformación del dolor en fortaleza.

El artesano del kintsugi no comienza su trabajo inmediatamente, sino que primero observa las grietas y los fragmentos y no los fuerza, ni finge que no ha pasado nada. Porque si no se acepta la herida, no hay posibilidad de sanación.

El artista recoge todos los fragmentos, incluso los que parecen que no tienen importancia. No se niega ninguna parte de la propia historia porque la redención no se obtiene eliminando lo que nos incomoda. Sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de quienes le aman (Rm 8,28).

Las piezas se unen ahora con laca y polvo de oro, sin encubrir ni disimular las grietas. La herida no se encubre ni disimula, sino que se une a la pasión de Cristo, resaltando su belleza.

La pieza terminada muestra las roturas, pero de otra manera, dándole una identidad propia. Una herida iluminada por la gracia de Cristo, deja de ser motivo de dolor.

Las grietas de la arcilla ya no son una herida sino una nueva forma restaurada con materiales más valiosos y elegantes.

No maduramos regresando a estadios anteriores sino reparando lo dañado por las heridas y configurándonos con Cristo para ser cada vez más cercanos a su Ser.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *