Un feriado que atrae a turistas nacionales a recorrer el país debería empezar por algo fundamental: vías en buen estado. Sin embargo, eso es precisamente lo que Loja no posee. Se lo ha repetido millones de veces, pero a las autoridades realmente no les importa. Llegan 45 millones de dólares y se conforman, así de simple.
El IV Eje Vial Loja–Zamora Chinchipe; la vía Loja–Catamayo a cuatro carriles; Loja–El Oro, sector Chaguarpamba; Loja–Saraguro; e incluso una vía que no le compete directamente al Estado, como Loja–El Cisne–Ambocas–Salatí. Ya vamos tres años sin solución.
Por otro lado, los municipios gastan recursos de los ecuatorianos en traer artistas. No les importa invertir lo poco que tienen en espectáculos, pero ¿han resuelto problemas básicos como agua potable, alcantarillado, tratamiento de aguas residuales o asfaltado del casco urbano? La respuesta es no.
Mientras tanto, vemos a políticos jóvenes y a los de mayor trayectoria recorriendo la ciudad, las parroquias y los cantones. Hacen presencia, se dejan mojar con la carioca —según ellos, para estar con el pueblo— y buscan captar votos. Todo esto, sabiendo que en algunos sectores el carnaval se convierte en un desenfreno: agua, lodo, huevos; jóvenes de colegio que lo celebran antes de salir de vacaciones, jóvenes universitarios que participan sin medida.
¿De qué educación estamos hablando si los padres lo permiten?
Un carnaval sin respeto es, primero, una falta de consideración hacia el pueblo, mientras las autoridades no dudan en gastar los recursos públicos. Los políticos participan —según dicen— para demostrar humildad y conexión con la sociedad, pero eso no es más que demagogia.
Los jóvenes, en lugar de mantener el respeto hacia sus compañeros, evidencian una degradación que se profundiza en estas celebraciones.
Esperemos que este carnaval nos enseñe a valorar el agua y, sobre todo, al ser humano.
Que esta Cuaresma se viva en armonía.
Rodrigo Cordero Espinosa
ivancord@yahoo.es