Incursión criminal injustificable

A propósito de la incursión criminal por parte de Estados Unidos y su desquiciado presidente, en Venezuela, se puede admitir, de cierto modo y para no caer en intolerancia, que personas con escaso conocimiento jurídico celebren y festejen con base en sus prejuicios y sesgos. Incluso en razón de sus posiciones ideológicas. Es decir, siendo pasionales y no objetivos.

Lo que sucedió en Venezuela es absolutamente ilegal, inmoral e ilegítimo, y es contrario a toda norma del derecho internacional. No hay justificación por donde se lo vea. No existe. Nos guste o no nos guste, nos agrade o no Nicolás Maduro y su régimen, lo que se hizo fue absolutamente demencial y contrario a toda norma. Y sostener esto no significa desconocer la compleja situación de ese país hermano, y tampoco me hace madurista ni chavista ni castrista como sugieren algunos en su absurdera. Pero sí coloca al derecho internacional como una base puramente teórica, desconociendo su fuerza normativa, con la que se puede trapear el piso. Inclusive desafía de forma vergonzosa, para la humanidad, su propia historia, pues lo sucedido atenta contra un principio que tomara fuerza tras las dos guerras mundiales y el Holocausto: la imperiosa necesidad de que los Estados no recurran a la fuerza para el cumplimiento de sus aspiraciones territoriales o políticas, no siempre justas, por cierto. Pero además no existe estudio o evidencia histórica alguna que confirme que las intervenciones militares solucionan las crisis de los países latinoamericanos, más aún cuando Estados Unidos ya ha develado sus verdaderas intenciones: hacerse de la industria petrolera venezolana. Al psicópata de D. Trump la democracia le importa un rábano. A Estados Unidos también. Buscan recursos y hegemonía, por eso hacen y deshacen.

La humanidad vive una época tan sombría, decadente y enfermiza al punto de que muchos aplauden exacerbados. Aunque suene sorprendente, tengo colegas –los he visto, leído, incluso conversado con ellos– que aplauden y dicen estar de acuerdo. Otros guardan silencio porque les conviene. No recuerdo en la universidad haber aprendido que los fines justifican los medios. ¿Se olvidarían ya de lo que pregonaban en clase? De ciertos periodistas ni hablar. Festejan como si fuera fiesta patronal y justifican lo injustificable para dar rienda suelta a sus bajas pasiones alimentadas por el dinero. De la interacción en redes sociales mejor ni hablemos. Causa estupor.

José Luis Íñiguez G.

joseluisigloja@hotmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *