Acciones a corto y largo plazo en la salud

El colapso silencioso del sistema de salud no se resuelve con conferencias ni compras de última hora. Requiere, ante todo, decisión política, reconocer que una política nacional de salud implica metas claras, reglas estables y liderazgo que trascienda calendarios electorales. Sin esa brújula, todo se vuelve parche.

El segundo pilar es planificar con presupuesto realista y ejecutable. No basta repartir recursos a ciegas, hay que priorizar por hospital y centro de salud, medir la carga de pacientes, las brechas territoriales y la capacidad instalada. Presupuestar es elegir, medir y corregir; presupuestar sin ejecución oportuna es ficción.

El tercer paso es dejar de tropezar con la misma piedra. Las compras masivas de medicamentos, como panacea, no han resuelto el desabastecimiento porque soslayan problemas de fondo, como, por ejemplo: perfiles inexistentes, logística débil, bodegas sin trazabilidad y procesos que se atascan en cada firma. La salida es profesionalizar, definir perfiles y responsabilidades, fortalecer la capacidad de cada unidad y asegurar soporte desde la matriz para agilitar procesos, no para congelar la planificación.

El país es diverso, no es lo mismo atender en Shushufindi que en Loja. Cada circunscripción territorial exige modelos de provisión, horarios, redes y rutas de derivación diferenciados, sustentados en datos abiertos y evaluaciones públicas.

Y nada será sostenible sin un sistema de control eficaz, preventivo, concurrente y posterior. Sin transparencia de compras y stocks, auditorías clínicas, tableros de espera y sanción efectiva, la corrupción y la improvisación devoran cualquier reforma. La salud no espera; o cambiamos la forma de gobernarla, o seguiremos administrando la escasez.

Daniel González Pérez

dagonzalezperez@gmail.com

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