¡Cuántas veces he aconsejado a personas de toda edad y condición que lean el pequeño librito escrito por un piloto de avión llamado Antoine de Saint – Exupéry (1900 – 1944)!
No ha habido ocasión que, al leerlo nuevamente, nuevamente asomen lágrimas en mis ojos, aunque no soy muy sentimental.
Y sí me he encontrado con muchas personas que lo han leído. Y empezamos a hablar de él … y pronto estamos en un suspenso nostálgico acordándonos de ese ser pequeñito que vino de otro planeta a alterarnos la cotidianeidad de nuestras insípidas existencias…
También he tenido la oportunidad de ver una película francesa muy bien realizada.
Pues bien, aprovecho para que quienes tengan adormecido un niño pequeño dentro del pecho, llamado León Werth, puedan despertarlo y conversar con él, luego de la lectura del libro “El principito”, porque el mismo autor se lo dedica diciendo que “Todas las personas mayores han comenzado por ser niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan)”.
A modo de abreboca, anoto algunos de los pensamientos desparramados en los diferentes capítulos, y que pueden hacer vislumbrar los recovecos del viaje inquietante y asombroso del pequeño soberano. Empiezo por el siguiente:
“Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Estas personas tienen siempre necesidad de explicaciones”.
“- Si alguien ama a una flor de la que solo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que la mire para ser dichoso.”
“-… solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”
“Lo que más embellece al desierto -dijo el principito- es el pozo que oculta en algún sitio…”
“Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón”.
Y me repito una y otra vez: “lo esencial es invisible para los ojos”.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
cecorrea4@gmol.com