Por una gentileza de mi amigo Noé Bravo V. y del director provincial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, Dr. Diego Naranjo Hidalgo, ha llegado hasta mis manos un poemario de la autora Maren Sofía Bravo, cuyo título expresa el sujeto de sus poemas: “Las voces que me habitan”.
Desde la carátula del libro, con una imagen lineal simétrica del rostro de una joven, en que las palabras se anidan en su cerebro, intuyo los versos que luego han de venir. Leo los créditos y encuentro que el diseño y las ilustraciones son de la artista Jennifer Kosharek. Leo también la dedicatoria que va dirigida “a todos quienes se dejan conmover por la poesía”, y pienso para mis adentros que me siento aludido.
Me deleito leyendo el prefacio escrito en un estilo que lo conozco y me gusta. Carlos Carrión Figueroa realiza una labor de hormiga analizando uno por uno los poemas de Maren Sofía, con reminiscencias de autores como Bécquer, R. M. Rilke, Emily Dickinson, Borges y otros.
Luego viene la lectura de los poemas. Poemas de los días importantes y de los días triviales. De las penas, de los sinsabores y de la felicidad buscada pero nunca alcanzada, aunque asome cerca de las manos. Poemas que nos golpean como gotas de lluvia en plena cara y nos dejan temblando el alma de frío. Poemas que no se quedan en el decir elegante, literario, sino que utilizan la elegancia para enrostrarnos nuestras miserias humanas, nuestras angustias y añoranzas, nuestros anhelos, milagros y desperdicios.
Con la singularidad, además, de que el libro viene en dos idiomas: español e inglés. Verdaderamente un libro para el que vale la pena vivir unas horas de la vida para olerlo, saborearlo, destriparlo y quedar absortos, como cuando vemos salir el arco iris después de una lluvia en la ventana del alma.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
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