Con mascarillas y sin celulares

El 17 de marzo de 2020, es un día de ingrata recordación para Ecuador. Por disposición del gobierno, ante la amenaza del covid19 que empezaba a devastar el mundo, se dispuso el aislamiento total de los ecuatorianos por 90 días con toque de queda. Por nuestras calles circulaban la soledad acompañada del miedo y la tristeza. Los muertos se contaron por miles. Simplemente fue espantoso hasta que crearon las vacunas y volvimos a la normalidad y a convivir con el covid19 como una enfermedad más.

A la vuelta de cinco años, por disposición de las autoridades, los niños y jóvenes de varias provincias del país, al igual que funcionarios y trabajadores de algunas dependencias e instituciones, deben acudir a sus oficinas con mascarilla. ¿Qué pasa ahora? Son varias las enfermedades contagiosas que nos acosan, sobre todo a nuestros niños. Por un lado, la tosferina que ha obligado a una vacunación masiva, con problemas de aglomeración en los centros de salud los primeros días, para volver luego a la normalidad; esta enfermedad, si no es tratada a tiempo, por la fuerza de la tos, es mortal.  Por otro lado, la fiebre amarilla que es una enfermedad tropical que ya ha causado algunos decesos. Urge vacunarse hasta los 59 años. En el Oriente, en Teisha, se presentó la leptospirosis, causada por pequeños roedores que contaminan el agua. Ya se cuenta una decena de muertos.

En lo positivo, con el inicio del año lectivo en la Costa y Galápagos, se aplica la normativa de la prohibición del uso del celular en los centros educativos, escuelas y colegios, regulando su tenencia para casos explícitos de necesidad académica, bajo la responsabilidad del docente. Esta medida ya se venía aplicando en algunos centros educativos, con la insinuación desde el Ministerio de Educación que debía normarse en el Código de Convivencia institucional. Ahora su cumplimiento debe acatarse a nivel nacional. Es importante la colaboración de los padres de familia para prohibir a sus hijos que lleven celular a sus establecimientos. De seguro, los estudiantes, sin estos distractores, algunas veces perniciosos, van a ser más eficientes en clase y darán importancia a los libros y a la lectura.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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