En un mundo incierto como el actual, no basta con adquirir conocimiento; también debemos comprender nuestras emociones y empatizar con los demás. La inteligencia emocional nos permite manejar las vivencias del día a día de mejor manera y nos ayuda a reconocer nuestras emociones, regularlas y utilizarlas como brújula para tomar mejores decisiones. También nos permite construir relaciones sólidas y significativas en los campos familiares, laborales y otros.
Debemos darnos tiempo para reflexionar sobre nuestras emociones, debemos conocernos y así tener autoconciencia de nuestros actos para reaccionar mejor al entorno. Si tenemos autoconciencia, también tendremos empatía, no de la unidireccional que se acostumbra cuando alguien hace algo mal y quiere justificarse reclamando empatía, sino ponerse en los zapatos del otros, para sin llegar a justificar sus acciones, tratar de entender y o ayudar para que no nos cause malestar su error o comportamiento. La empatía también nos lleva a la autorregulación, dónde la paciencia y la autodisciplina nos lleva a reaccionar de mejor manera ante ciertas circunstancias. La autorregulación nos ayuda a evitar arrepentimientos. Junto con esto podemos adquirir algunas habilidades sociales con los cual podremos cultivar relaciones significativas y duraderas.
Debemos resolver nuestros conflictos para comunicarnos de manera efectiva, y construir puentes entre las personas para beneficio mutuo.
Santiago Ochoa Moreno
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