Cuando la relación llega a un alto grado de deterioro, donde las demostraciones de afecto, de admiración, de respeto hacia su cónyuge ya no existen, y el deseo de los dos o de su pareja es separarse, el mejor camino será la disolución en los mejores términos; toda vez que, si existen hijos de por medio habrá que velar por su bienestar bio-psico-social y preguntarse dónde se hace más daño, dentro o fuera del hogar.
La disolución, al igual que la propuesta de formar una familia, es una decisión que debe ser analizada y bien reflexionada, no se la debe tomar invadido por emociones de euforia o de ira, dolor o resentimiento. Proyecte unos meses en el futuro e imagine cómo será su vida sin su pareja, sí es el caso sin sus hijos, está completamente seguro de abandonar su hogar. Analice detenidamente cuáles son las razones que tiene para tomar esta decisión.
La falta de atención a la pareja, el ser frío con las demostraciones de afecto, la infidelidad, los problemas económicos, el abuso del consumo de cigarrillos, alcohol u otras drogas, los celos excesivos, la mala relación con los familiares próximos, entre muchas otras, son razones que conllevan a la disolución.
Si después de una introspección y análisis sincero usted ha decidido separase, aun cuando usted se casó por sentimientos positivos y esas razones ya no son válidas por todos los condicionamientos que se dieron en la convivencia, es mejor alejarse de los conflictos; pero recordando que debe mantener una relación sana con la madre o padre de sus hijos, pues ellos son los que realmente pagarán el precio de la disolución. Si ya no quiere hacer daño a su familia busque ayuda profesional para que la disolución sea lo más sana posible. Recuerden es su decisión ser felices.
Francisco Herrera Burgos
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