
Para mejor comprensión de madurez en las personas, la significaremos como una constante en la exploración de la condición humana, enfocándonos en la correspondencia entre la edad de un individuo y su desarrollo físico, moral, social y espiritual, un proceso multifacético e individualizado, contrario a una determinación lineal basada únicamente en años vividos, sino como la edad en la que uno, ya no se deja engañar por sí mismo.
Una de las formas más evidentes de madurez, es cuando podemos ejercer nuestro pensamiento crítico, con una conducta razonable y disposición, para aceptar las diferencias de opinión. Ser madura/o no es sinónimo de vejez ni de hacerse mayor, sino de saber enfrentarse la vida con una mejor gestión de las emociones, con más quietud, educación, tolerancia y responsabilidad. “La seriedad no es signo de madurez es saber reírse de la vida, pero tomarla en serio cuando es necesario”.
Talía Guerrero Aguirre
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