Semana de Reflexión

Cada año la Semana Santa nos permite rememorar la Pasión de Cristo que inicia con la entrada triunfal de Jesús evocada en el Domingo de Ramos; y que culmina con el Domingo de Resurrección pasando por la última cena, el viacrucis, la muerte y la resurrección. Y es que Jesús llegó a este mundo para enseñarnos a convivir con el prójimo; de ahí que, haciendo referencia a las leyes espirituales, si peregrinamos en el Antiguo y Nuevo Testamento, podremos encontrarnos con sabias enseñanzas enfocadas primordialmente en el dar y recibir. Porque “Todo lo que un hombre siembra, eso cosechará” si sembramos odio, recibiremos odio, si sembramos amor, recibiremos nuestra recompensa de amor. Jesús siendo hombre, experimentó una serie de acontecimientos, algunos de los cuales, seguramente los hemos vivido en determinado momento de nuestras vidas. Y es que el hombre que apenas el domingo anterior había sido recibido con ovaciones y aplausos, en los días posteriores fue negado, humillado, flagelado, crucificado. Un hombre que durante toda su vida se dedicó a hacer el bien, a curar enfermos, escuchar al que ignora, sanar las almas, enseñar al iletrado, tender su mano para que nadie se hunda. Esas mismas manos que recibieron ayuda, traicionaron a Jesús y le hicieron pedazos en la cruz. Sin embargo, con la resurrección, Jesús sigue presente en nuestras vidas, sigue siendo esa luz perpetua que nos guía por el camino, la verdad y la vida.

Que esta Semana Santa nos permita reflexionar y sobre todo sanar aquellas heridas o aquellos bloqueos emocionales que puedan estar afectando en nuestras vidas.

Lucía Margarita Figueroa Robles

sumaguarmi@gmail.com

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