Noche de brujas y nuestro mago interior

Abracadabra, hocus pocus sabadabadán…Un hecho que a veces se nos pasa por alto es que cada uno de nosotros tenemos un mago que mora en nuestro interior. Él puede convertir lo ordinario en extraordinario y hacer que lo imposible sea posible; que la certera ilusión, la buena intuición y la buena intención se conviertan en verdad; que lo mejor de mi persona y del otro salga a flote cuando la alquimia del amor enciende el fuego de un corazón que transforma.

Llamémoslo de cualquier manera: Morticia Adams, Freddy Krueger, talvez los más jóvenes dirán Harry Potter, Y los de más edad lo llamemos mago de Oz. ¿A quién de nosotros no le ha cautivado los trucos de un mago que, como en el sueño, con solo desearlo y agitar su varita puede hacer que ante los ojos sorprendidos aparezca o desaparezca algo, de la forma más increíble?: retira obstáculos, elimina fronteras, enriquece y potencia cada experiencia de vida porque invita a renovar lo ya conocido con entusiasmo interminable.

El mago interior permite que el encantamiento no termine jamás, permite el gozo con lo más simple y bueno, hace sonar la música del alma para vibrar con lo profundo humano, admite emprender el vuelo para contemplar la tierra desde el cielo (Fernando Rielo). ¡Un mago de verdad!, ¡sí, un mago!, un mago sorprendente “que lo puede todo”, una sabiduría interior, la huella del Creador en nosotros.

¿Por qué esta magia no se manifiesta con todo su poder? la respuesta la encontramos el Principito de Saint Exupery: “- He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse”.

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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