Kenneth uno de los grandes economistas del siglo XX dice que en la antigüedad lo que distinguía a un rico de un pobre era la cantidad de dinero que tenía en su poder, en la actualidad, lo distingue la cantidad de conocimiento e ideas que poseen.
Una verdad innegable, está visión a dividido a la humanidad en dos grandes grupos, los países desarrollados, que investigan, crean, producen, venden, etc., y los subdesarrollados, donde el consumismo es su desventaja, viajan, se comunican, visten, etc., generando con ello, deudas, desocupación, miseria, sirviendo de experimento de los primeros.
La diferencia radica, que los primeros observan a la ciencia como la puerta al desarrollo, los segundos como algo que puede esperar y se enfrascan en el asunto económico, pensando que la ciencia no es la solución a los problemas (Marcelino, 2003).
Un país que investiga y desarrollo ciencia, encuentra solución a sus problemas, si la misma obedece a los intereses generales, por el contrario, si se orienta a ordenar su economía, su educación, etc., a través de órdenes, o corregir la corrupción y desfalcos cometidos por sus gobernantes, pagando las cuentas e intereses del dinero dilapidado, siempre será un país subdesarrollado.
Marcelino (2003) ya lo dice: “Los países subdesarrollados, no son del tercer mundo, porque deben dinero, sino porque no saben, no comprenden, no pueden y porque tienen una visión muy limitada del mismo, a diferencia de los del primer mundo, que si poseen el conocimiento y lo entienden”.
El acceso al conocimiento en la actualidad no es un limitante, como sucedía décadas atrás, el conocimiento está a disposición de todos, los dispositivos electrónicos y las TIC lo permiten, como se aproveche las fuentes y los instrumentos, es donde radica el problema, y es ahí, ¡Donde la estupidez pesa más que la ignorancia!
Pablo Ortiz Muñoz
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