El caso de María Belén Bernal ha conmovido al Ecuador entero, y todos los medios de comunicación nacionales, políticos, analistas e incluso la prensa internacional han tratado este complejo caso. Abunda la indignación y la desconfianza en las instituciones del país, y parecería que el gobierno de turno ha sido sobrepasado por esta crisis que lleva años anidando en nuestra sociedad.
Ahora bien, la respuesta del estado ha sido proponer cambios estructurales, pero, ¿qué significan cambios estructurales? Para el sociólogo Johan Galtung, la violencia se puede determinar con la figura de un triángulo, y con la analogía de un témpano de hielo.
En la punta del témpano se encuentra la violencia directa, es decir, los asesinatos, malos tratos y demás muestras de violencia que son obvias; por otro lado, bajo el agua, se encuentra la violencia cultural o simbólica, que se identifica en la religión, la cultura, el arte, y demás expresiones que dividen y discriminan a ciertos grupos de personas. Esta forma de violencia es más difícil de ver.
Finalmente, tenemos la violencia estructural, difícil de percibir, pero podemos resumir como la privación sistemática de necesidad humanas que tienen que ver con injusticia e inequidad social, desigualdad, pobreza y exclusión social, e incluso exclusión desde las instituciones. La violencia estructural y cultural se conjugan y desembocan en la violencia directa, que son los casos aberrantes que vemos a diario.
La respuesta del estado a este caso ha sido paupérrima, poco clara y sobre todo inútil. Nombrar a una mujer como directora, o demoler un edificio son respuestas simbólicas que se quedan cortas, y hablar de cambios estructurales sin planes, sin políticas públicas y sin un verdadero plan de acción para mitigar la desigualdad social resulta en puro populismo.
Juan Andrés Bravo
@JabravoV