La respuesta es muy fácil. Guillermo Lasso no puede costearse el hecho de que la policía pierda toda legitimidad. Lo único que lo mantiene en la silla presidencial es la violencia que solo la policía puede ejercer. Por eso sede a la presión social y sacrifica a Carrillo. ¿Cuánta legitimidad le queda a la policía?
Los casos de violencia estructural policial tienen ya su historia, una que muchos decidieron ignorar. Se les dijo que había algo malo con la policía cuando sacaron ojos a los protestantes en 2019, cuando policías intentaron meter balas en la cárcel de Latacunga, cuando policías montaron un falso operativo para robar una empresa, cuando una granada perforó el cráneo de una persona durante el paro nacional de junio del presente año. Con este deplorable historial Diego Ordoñez mantiene que la policía no tiene problemas, solo tiene malos elementos. A pesar de que fue la policía quien permitió que el asesino de María Belén Bernal huyera.
Mientras Carrillo y Ordoñez se preocupan solo por la legitimidad de la institución, María José Hidalgo relata una historia de terror. Cuenta que puso una denuncia en contra del coronel de la Policía, Diego Pavón, por presunta violación. El abogado de María José, José Villalta, a penas tomó el caso, comenzó a recibir amenazas. El pasado jueves fue asesinado.
La policía necesita desesperadamente reconstruir su legitimidad y ganar la confianza de la gente. Esto, sin embargo, es imposible que pase mientras ministros y presidente no reconozcan el problema estructural de la institución. No importa si hay un hombre o una mujer a cargo. El mal está en su historia, no en su género.
Alex Samaniego
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