El gran problema de la política local y nacional es su incoherencia embebida, que se traduce en el uso de los partidos políticos y movimientos políticos como maquinarias electorales encendidas cada 4 años y que son usadas previo análisis del político utilitarista, del político de turno para conseguir el voto a toda costa del elector. Cada época electoral vemos como precandidatos salen a medir la opinión pública para ver qué ideal vestir y cambiar sus ropajes de acuerdo al interés que mantienen, burlándose de las organizaciones y de la sociedad civil. Ahora bailan Tik toks también. Qué duro no saber quién eres, pero sí qué quieres mostrar. La autenticidad es el vegetal que nadie compra en el supermercado y se queda botada por ahí.
La coherencia política entonces se deriva de una lucha constante y atemporal de defender las palabras del pasado y el accionar hecho, bueno o malo, no es algo puritano sino humano, en el presente y en el futuro, pero no asumiendo distintos roles temporales electorales y organizativos, porque ello es incongruente. De hecho, las preguntas que cabrían entonces para quienes ya no pertenecen a los partidos que favorecieron sus últimas candidaturas serían ¿por qué no trabajaron por lo que creyeron y mutaron de organización para estas elecciones? ¿los ideales cambian cada 4 años? ¿los partidos son medios para alcanzar el poder individualmente y no para orgánicamente hacer una radiografía de las necesidades de la sociedad civil y otorgar soluciones?
So pretexto del avance de nuestra sociedad no se puede justificar el pensar a conveniencia, es algo más prudente que, así como el pensamiento avanza y evoluciona, la coherencia también no solo ideológica sino también la electoral sean camisas de fuerza para no desorientarnos, para construir una nueva política. No con la mira de conquistar el poder por el poder, sino para servir. No con la mira de ganar, sino de transformar realidades en beneficio del prójimo. El único miedo que tengo de la nueva generación política y porque no, también de la actual, es que se cumpla en política lo que dijo el crítico francés Marcel “Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive” y lleguemos a justificar cualquier cosa para 2023.
Pablo Ruiz Aguirre
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