El Ecuador galopa al vaivén de los desatinos de un gobierno sin brújula popular, pero muy servil a las imposiciones del FMI y de los grandes grupos económicos.
El 79,69% de la población considera que la situación del país es negativa y ésta no cambiará pronto. Existe un crecimiento hacia la falta de credibilidad de los poderes del Estado, a saber: el 74,19% califica como mala la gestión de Guillermo Lasso, el 87,84% expresa su rechazo a la función judicial y el 91,38% considera a la Asamblea como mala. Y, la verdad, esto tiene su explicación en las mentiras reiteradas y falta de cumplimiento de las promesas de campaña del gobierno; en la manipulación corrupta de la justicia; y, en el sucio cabildeo, al mejor postor, de los “Padres de la Patria”.
Los trabajadores, pueblos y nacionalidades indígenas de nuestro país, tienen preocupaciones y necesidades que no están siendo atendidas, tales como: la inseguridad ciudadana y auge de la delincuencia (32,81%), el desempleo (19,84%), la crisis económica (19,53%) y la corrupción (10,94%). Insisto, el gobierno es el único responsable de este lamentable escenario que vivimos.
La política neoliberal que busca cercenar derechos a los trabajadores, que promueve las privatizaciones de las áreas estratégicas de la economía y la quiebra del IESS; la pantomima del combate a la corrupción; los guantes blancos para combatir la delincuencia y el crimen organizado, desde las alturas; los Ad Honorem con su voraz apetito y desesperación por el manejo de las diversas entidades como la Asamblea Nacional, el CPCCS, la Superintendencia de Bancos y Compañía, el Consejo de la Judicatura, el CNE, entre otros; vienen generando la rechifla, el repudio y la desconfianza popular.
El gobierno y toda su institucionalidad sigue dándole la espalda al campo popular. La plataforma de lucha del último levantamiento indígena y popular está latente. Se avizoran nuevas resistencias y luchas sociales.
Remo Cornejo Luque
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