La fe mueve montañas y pueblos

1594: “Fundasen aquí una iglesia, que allí los quiero asistir para que no tengáis más hambre”.

Con este llamado a la redención, nace hace más de 400 años una devoción y tradición mariana, que después de casi medio siglo aún se mantiene como la única fuerza capaz de anular fronteras, diferencias sociales, étnicas e incluso, políticas, en un solo clamor.

La devoción no se explica en conceptos, sino en manifestaciones. Miles de personas caminando a sol y viento, promesas por cumplir y ofrendas que otorgar, la alegría y solemnidad enmarcan la fiesta más popular e importante de esta región.

Y así, con la seguridad y custodia que solo una autoridad puede instar, la imagen tan venerada por millones regresa a su ciudad, después de dos años de no verla, después de una pandemia mortal, regresa a Loja, y a hombro de feligrés, la Virgen del Cisne entra a pie a su inmaculada ciudad.

¡La virgen volvió! repite la gente, ¡Ya está aquí!, ¡Ya la trajimos! Es felicidad de todos, conmueve, entusiasma, y sorprende hasta al más incrédulo. La religiosidad entonces se manifiesta, llega la comparsa y los castillos, los dulces y las fiestas, llega la feria y llegan los romeriantes. Es devoción, es fe, es incomprensible para unos cuantos, pero muy real para la mayoría, es confianza en que éste pueblo aún no está abandonado.

Y por supuesto, si la religión no es sólo un sistema de ideas, es ante todo un sistema de fuerzas que ha movido a la humanidad por milenios. Y seguirá agitando a las sociedades, a Loja, siempre que la Virgen Venga.

Jorge Ochoa Astudillo

socjorgeochaa@gmail.com

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