Hablar del primer grito de independencia en Ecuador, el 10 de agosto de 1809, es también hablar del cambio de poder de un tirano español a un tirano criollo.
La historia del primer grito de independencia, contada desde las aristocracias criollas y elites económicas de la época, narran el heroísmo de sus figuras más visibles, como Ante, Espejo, Miranda, Sáenz o Nariño. Pero nada se dice de las razones que se tejieron tras está intención liberadora, y que, no tiene nada que ver con alcanzar la igualdad social entre sus comunes, sólo sus intereses. Claro está que, estos hechos de la historia no impiden reconocer el aporte de los próceres.
El primer grito de independencia tuvo como origen la indignación exclusiva de los criollos. Una de las razones fueron las enormes cargas tributarias que la corona española exigía a las colonias hispanas para sostener su guerra con la Francia comandada por Bonaparte.
Según sostienen Bruño, Cano y Uzcátegui, las comunidades indígenas, negras, zambas, mulatas y mestizas, no formaron parte del desarrollo político, económico y social (Silva Guijarro. 2021).
Hace 213 años, las masas, los invisibles, los nadie no formaron, ni han formado parte de la historia, ni de los grandes cambios sociopolíticos del Ecuador. Para NO cometer los mismos errores y no hablar de cacicazgos políticos, el reto es que las mayorías accedan al ejercicio pleno de las decisiones políticas en la localidad y el país. Rompamos las hegemonías y aceptemos el reto de escribir la historia desde las acciones de los miles y no de las decenas. Si aspiramos a un real cambio de gobernabilidad pensemos en las necesidades de los miles y no en nuestro bienestar individual.
Jorge Eduardo Reyes
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