Que las mujeres estén en la política es una trampa. Lo que aún se ve, pero no se siente, son los primeros pasos de las mujeres en la política ecuatoriana. ‘Las mujeres en la política’ es una frase que opera desde una política de igualación: “estrategia de equiparación a los hombres” (Mies y Shiva, 1993). Esta falsa estrategia estatal, se nos impone para hacernos creer que somos tomadoras de decisiones cuando en realidad perpetuamos al mismo sistema que nos oprime.
Así, el discurso hegemónico de la igualdad es un espejismo, un orden moderno que se instaura con políticas de “discriminación positiva” que se aplican con cuotas especiales para las mujeres. Por ejemplo, si bien, por ley, las listas para las elecciones del 2023 deben estar encabezadas en un 30% por mujeres y un 25% por jóvenes, el Estado no ataca la causa del problema. Las organizaciones políticas en el país no tienen procesos de formación política interna. Es por eso que la imposición legal de ‘inclusión’ las obliga a concursar en una ‘carrera maratónica’. Previo a las primarias, la ruta inicia en la parte interna de los partidos, donde, según los ‘líderes’, las mujeres no quieren participar. Después, la carrera continúa hacia las organizaciones de mujeres, donde se busca, ‘‘estratégicamente’’, a la más ‘‘bonita’’ y ‘‘sumisa’’, pues la meta es lograr que al menos una acepte una candidatura a última hora.
El Estado ‘equiparador’ establece una cura para los males que él mismo creo: “el Estado entrega con una mano lo que ya retiró con la otra” (Segato, 2016). Por lo tanto, ‘compartir’ los privilegios de los hombres en una sociedad patriarcal, blanca y capitalista, emulando el modelo del patrón colonizador, es la primera política que se requiere abolir.
Aida Maldonado Quezada