‘Aldeano vanidoso’

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal”. Así inicia uno de los textos fundamentales de nuestro continente. Lo escribió José Martí en enero de 1891, y lo llamó ‘Nuestra América’. Voltear la mirada a lo escrito con la lucidez suficiente que trasciende a la muerte y al olvido, sirve, para que como rescata Umberto Eco, sigamos mirando el mundo desde los ‘hombros de gigantes’, que permiten pensar por sobre el horizonte de nuestro tiempo que abre la puerta a una huida de las jaulas del coyunturalismo y la superficialidad.

En el mismo texto escribe Martí: “cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores”. La escena parece ser la misma, o al menos, en esencia es un retorno, una repetición que nos devuelve dos pasos atrás cuando nos hemos esforzado por consolidar un paso hacia adelante. La vanidad, la soberbia y la falsa erudición, nos devuelven a una sima originaria que parece una condena imposible, porque, de nuevo el autor escribe que “en pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano.”

En tiempos en que se exige unidad, la fragmentación se dispara. Pero ya no podemos sacrificarnos a lo mismo, porque el vaivén que nos tiene a merced de cualquier viento, puede entretenernos en el péndulo permanente que no construye nada, ni permite destajar los males que tenemos bien enraizados.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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