Sociedad en crisis

Charles Taylor admite que la sociedad es el reconocimiento positivo de un espacio que trasciende inte¬reses exclusivamente individuales; es más, es algo que excede y supera el interés de lo propio y desarrolla el bien común. Ahora, qué pasa cuando la sociedad se encuentra desinteresada en intereses colectivos. ¿Qué pasa cuando es nulo el sentido de pertenencia, el desear un bien común? Pues, reluce el incipiente egoísmo social, nace una crisis.
Nacen crisis políticas, económicas, sociales, y crisis éticas. La sociedad ecuatoriana, y la lojana con especial acento, está viviendo todas ellas, a breves rasgos, una crisis integral. Una crisis de valores; si, de los valores que damos por sentado simplemente por el hecho de sabernos humanos, coterráneos, conocidos, familia incluso. Pero, de acuerdo a como vivimos, carentes de cualquier tipo de humanidad.
Escribo estas palabras desde la incertidumbre que provoca saber que mi propia tierra no sabe empatizar con la vida del otro. Que no se logra identificar con las distintas realidades y solamente se sumerge en el desdén del individualismo; de cortas y remotas inyecciones de placer u omnipotencia momentánea y sin sentido que cobran vidas humanas; ultrajan la paz condicionada en la que vivimos y quitan esa última gota de tranquilidad que nos mantiene cuerdos.
Esto pasa cuando prevalece el hedonismo egoísta, y se prescinde de las consecuencias que afectan al prójimo. Consecuencias como la muerte de Marco Pacheco, trabajador municipal que perdió la vida cuando se encontraba laborando a muy tempranas horas de la mañana, a causa de un accidente de tránsito producido por un conductor en estado etílico. El placer e inconsecuencia de una noche, se llevó una vida y seguramente las ganas de vivirla a quienes se quedaron anhelando un día más junto a él. Que la tierra le sea leve, Marco.

Ma. Verónica Valarezo Carrión
verovalarezocarrion@gmail.com

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