Del nacimiento del escritor

¿Cuándo un escritor puede llamarse a sí mismo “escritor”? ¿Basta con el simple hecho de escribir? ¿Qué pasa si es que nadie lee lo que uno escribe? J.P. Sartre hablaba de que solo se puede ser en sociedad, es decir, en una completa soledad nada de lo que hagamos tiene sentido. Si un músico compone la pieza musical más grande de la historia, pero la entierra en su jardín y nadie la escucha, da igual si esa pieza musical existe o no.

Da mucho para pensar el ejemplo de Franz Kafka, una de las mayores figuras literarias del siglo XX. Muy poco de su trabajo fue publicado cuando él estaba vivo y lo poco que se publicó recibió muy poca atención. Kafka se vio tan decepcionado que antes de su muerte que le pidió a uno de sus mejores amigos, Max Brod, que queme toda su obra. Brod ignoró los deseos de su amigo y después de su muerte publicó todas sus novelas y cuentos. El éxito de Kafka no puede ser cuantificado, pues ha sido influencia de innumerables artistas, objeto de estudio en clases universitarias, se hacen conferencias para analizar su obra y su estilo es tan único que pasó a ser casi un nuevo adjetivo literario, lo “kafkiano”.

Lo más interesante de Kafka es que, el escritor nació, cuando la persona murió. El talento de Kafka, siempre fue el mismo, pero solo lo conocemos y disfrutamos gracias a la desobediencia de Max Brod. Aquella persona que escribe necesita de una audiencia, no para complacer, sino para existir. El escritor es una profesión tan especial, que ni siquiera necesita que la persona que escribe esté viva, pero sí necesita quién lea.

Alex Samaniego

alsv@hotmail.es

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