Las viejas Escuelas del Alma Mater Lojana, como la Facultad de Jurisprudencia, poseen un sello que le imprimen un prestigio a nivel nacional e internacional a nuestra querida Universidad Nacional de Loja.
De las cosas que recuerdo – durante mi vida estudiantil- ninguna de ellas, me gustan tanto como la calidad de docentes que tuve (Juan Francisco Ontaneda; Juan Cueva Serrano; Enrique García Valdivieso; Ernesto Rodríguez; José María Vivar Castro; César Montaño; Herman Jaramillo; Luis Cueva Carrión; Gonzalo Erazo; José Mora; y, Reinaldo Valarezo, entre otros), ya en que la vida mía y de todos mis compañeros, ellos son los faros que nos iluminan, las atalayas que nos contemplan y la fuerza que nos impulsan.
Entre las actividades académicas que han dejado huella en esta gloriosa Facultad, que nadie las ha podido superar, están la gran la gran calidad académica que no se centró únicamente en la impartición del conocimiento, sino que potencio la creatividad, la investigación y la ética; la publicación de grandes obras jurídicas; y, en haberse constituido en la primera del país en haber implementado la litigación oral y la argumentación jurídica como parte de las practicas pre profesionales de derecho, con la simulación de audiencias, acontecimiento, este último, que se dio, incluso, antes de la aprobación definitiva del COGEP, en la tuve el honor de participar junto a los doctores Edgar Ledesma y Marcelo Mogrovejo.
Y hoy, dentro de valiosos cambios e innovaciones reformadoras e inteligentes que viene implementando nuestra gloriosa Alma Mater, por supuesto seguidas de la mano de estas figuras egregias, nos hacen rememorar a tan querida Facultad para sentir una vez más el honor de haber estudiado y trabajado en ella; y, sobre todo de verla cruzar con brío el umbral hacia la conquista del más grande valor que propugna la humanidad: ENSEÑAR Y HACER SERVIR LAS LEYES PARA LA JUSTICIA, “principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que les corresponde”, en procura de lograr un mundo más justo y prometedor.
Jaime A. Guzmán R.
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